El Mediterráneo ha recobrado su notoriedad en la esfera de las relaciones internacionales, desde el momento en que se ha convertido en un foco de crisis y enfrentamiento entre diversos ambientes, culturas, grupos sociales y etnias. No obstante, es necesario recordar que ello ha dado lugar a importantes intercambios puesto que al traspaso de las fronteras políticas y/o religiosas ha forjado sobre diferentes naciones un sentimiento de pertenencia de «nosotros» creando el escenario de una cultura común que a futuro enfrentará múltiples retos.
El espacio mediterráneo ha sido un lugar en el que en primer término se ha producido la expansión política, seguida de la expansión religiosa, ello se evidencia en caso como el del imperio Romano, que se extendía por todo el Mediterráneo y en cuyo seno se construyó una nueva manera de pensar la religiosidad, asimilando las religiones imperiales y mezclándolas con las locales, y, por último, creando esa especie de cultura mediterránea romanizada que hoy puede encontrarse en la mayoría de los lugares históricos.
El Mediterráneo posee una serie de desafíos de diferente naturaleza pasando por desafíos culturales, políticos, económicos, democráticos y demográficos que le presentan un reto, puesto que se trata de la experiencia de construir un modelo de transición mediante el cual el traspaso de las fronteras logre forjar un ámbito religioso y/o político al que se sientan pertenecientes bajo la proclamación de un “nosotros” los ciudadanos de cada país. Traspasar las fronteras puede que implique en múltiples ocasiones el despliegue de fuerzas y una coyuntura conflictiva, pero a su vez representa el primer paso hacia la formación de una cultura común.

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