Durante varias décadas África se configuró como algo completamente europeo y ajeno a él, si bien esto puede explicar la agitación, guerras y conflicto que devinieron luego de la descolonización, debido en gran parte a que los Estados formados por los colonizadores no obedecieron a criterios de nación o etnias. Europa hizo de África una imagen de lo que necesitaba y lo que quería; paralelamente se puede decir que el “africanismo” fue un discurso a través del cual, la cultura europea fue capaz de manipular e incluso dirigir a África. Los Estados europeos no estaban interesados en formar un cuerpo de conocimiento de África que tratase de su realidad, y, por el contrario, África se convirtió en un imaginario colectivo basado en las percepciones e intereses propiamente europeas.
Se puede decir, nuevamente de manera paralela, que África fue “africanizada” por Europa, bajo los estereotipos europeos de la época y de manera imperante, o sea, porque los europeos tenían el poder para ello. Se llega ante una configuración de fuerzas sociales en donde “el lenguaje, los discursos y la construcción lingüística de la realidad”, son de gran importancia para determinar las relaciones y distribuciones de poder; bajo esta idea, el discurso europeo sobre África se dio para tener autoridad sobre éste continente y dominarlo. Esto quiere decir, que la idea o percepción de que la identidad europea es superior en comparación con todos los pueblos y culturas no europeos, fue el principal componente que hizo Europa una hegemonía tanto dentro como fuera de ésta.

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